Opinión

La grieta de la “ley Justina” - Por Tomás Civetta

Aprobada la “ley Justina” que establece que todos los ciudadanos mayores de edad serán donantes de órganos a no ser que manifiesten no serlo, se generó una gran controversia que incorporó una nueva grieta similar a la del aborto.
La grieta de la “ley Justina” - Por Tomás Civetta
sábado, 07 de julio de 2018 · 11:05

Los primeros en oponerse a la ley son algunos de los sectores liberales quienes manifiestan estar en contra de la medida con la excusa de “mi cuerpo, mi decisión”. Por supuesto que cada uno debe tener el derecho a hacer con su cuerpo lo que desee y nadie debe imponerle nada siempre y cuando esto no afecte a terceros, pero la ley no dice lo contrario a esto: si bien plantea que todos los ciudadanos a partir de esto son donantes, por otra parte deja en claro que quien no desee serlo, no lo será. Además, se argumenta con el derecho a la propiedad privada que, si bien es algo a lo que adhiero, un órgano no es un bien que te sirva después de muerto y, de más está decirlo, no hay nada que te sirva cuando se pierde la vida. Pero resulta algo esperable del liberalismo que quiere utilizar términos económicos al análisis social y cultural.

En otra instancia la polémica giró en torno al aborto donde se dieron dos situaciones: los pro aborto que cargaron contra los pro vida por estar en contra de esta ley y querer salvar las vidas de los niños por nacer; y los pro vida cargando contra los pro aborto por querer salvar vidas ahora pero sin importar la que se da en la gestación. En mi opinión, ambos discursos llevan hipocresía en sí: no se puede ser pro vida y luego hacer la vista gorda para tratar de salvarlas con una actitud histérica en contra de las regulaciones estatales que, en este caso, no proponen matar a nadie para salvar a un tercero; y los pro aborto no pueden hablar de salvar vidas cuando días atrás festejaron la despenalización de dicha práctica, además de querer utilizar argumentos falaces donde pareciera que ahora sí importan todas las vidas. Esto sin entrar en generalizaciones, por supuesto.

Además se generó un debate luego de un Tweet del Diputado Fernando Iglesias quien, en otras palabras, manifestó que se va a encargar de que los que no quieran ser donantes, no reciban donaciones de igual manera pero en un tono agresivo y poco serio como acostumbra a hacerlo. Más allá de quién lo diga, es algo a lo que adhiero ya que se trata de una cuestión de reciprocidad: si alguien no está dispuesto a entregar sus órganos sabiendo que éstos no le servirán de nada, tampoco se debería permitir que reciban un trasplante de igual manera ya que, como mencionaba anteriormente, pareciera ser una cuestión de histeria frente a las “imposiciones estatales” más que una opinión razonable. Pero, como ya sabemos, este es el país de los “vivos”.

En última instancia me gustaría llamar a la reflexión a aquellos que no adhieren a la ley con las siguientes preguntas: ¿están en contra de la donación de órganos que pueden un día salvar la vida de un familiar querido o su propia vida? ¿Qué hubiesen hecho si no se hubiese aprobado la ley y tendrían que afrontar esta situación? ¿Se oponen a esto por cuestiones de propiedad privada aun estando muertos? Y si es así, ¿realmente comparan la donación de órganos con gravar la herencia como algunos plantean? Si pretenden no donar, pero sí recibir donaciones ¿creen que sus derechos están por encima de los del resto? En definitiva cada uno puede hacer lo que quiera, pero no pretender recibir favores cuando no fuiste capaz de darlos.

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